Del impacto sensorial al recuerdo emocional: cómo diseñar experiencias memorables en la jornada del consumidor.

¿Alguna vez has pensado que la experiencia de compra no empieza cuando el cliente entra en contacto con tu producto, sino mucho antes, en el instante en que una sensación despierta su atención? Puede ser un aroma que lo transporta, un sonido que lo anima, una textura que lo invita a explorar. Estas primeras impresiones son las que inician un viaje que no solo define si compra o no, sino también cómo recordará tu marca.

En el marketing contemporáneo, Philip Kotler nos habla de la jornada del consumidor, donde cada etapa —desde el descubrimiento hasta la fidelización— es decisiva para construir valor.

Por otro lado, Bernd Schmitt nos recuerda que toda experiencia se compone de cinco dimensiones: sentidos, sentimientos, pensamientos, acciones y relaciones. Si unimos ambas miradas, descubrimos que la clave no está en elegir un modelo u otro, sino en integrarlos para diseñar estrategias sensoriales que acompañen al cliente en cada momento de su recorrido.

Por ejemplo, en la fase inicial de descubrimiento, el marketing sensorial puede ser la chispa que atrae: un escaparate con iluminación cálida, una música que coincide con el ritmo de vida del público o un aroma que invita a detenerse. Después, en la etapa de consideración, entran en juego los sentimientos: generar confianza, cercanía y empatía a través de experiencias que transmitan autenticidad. Cuando el cliente pasa a la decisión de compra, los pensamientos cobran protagonismo: la lógica, la claridad en la información y la seguridad de que está tomando la elección correcta. Y más adelante, en la acción, es vital activar experiencias táctiles y prácticas que hagan de la compra algo fluido y memorable. Finalmente, en la etapa de relación, el reto es cultivar lazos: crear comunidades, personalizar la atención y generar vínculos emocionales que trasciendan la transacción.

Lo interesante es que todo comienza en los sentidos, como lo plantea Schmitt, y se despliega estratégicamente en el recorrido que Kotler describe. Así, un cliente no solo compra un producto: vive una historia donde cada estímulo cuenta.

Tips prácticos para aplicar esta integración:

  • Descubrimiento (sensaciones): diseña puntos de contacto que despierten curiosidad con elementos visuales, auditivos u olfativos coherentes con la identidad de la marca.
  • Consideración (sentimientos): transmite empatía y confianza a través del tono de comunicación y la coherencia entre lo que prometes y lo que muestras.
  • Decisión (pensamientos): ofrece información clara, sencilla y visualmente atractiva que reduzca fricciones y refuerce la seguridad del cliente.
  • Acción (acciones): cuida la experiencia física o digital para que sea intuitiva, placentera y congruente con lo sensorial ya vivido.
  • Relación (relaciones): fomenta pertenencia con detalles personalizados, comunidades activas o programas de fidelización que apelan a la conexión humana.

La diferencia no está en lo que se vende, sino en cómo se siente cada paso del recorrido del cliente. Y ahí, la unión entre Kotler y Schmitt nos recuerda que las estrategias más poderosas son aquellas que logran que los sentidos despierten emociones, que las emociones generen pensamientos positivos, que los pensamientos se traduzcan en acciones y que las acciones den paso a relaciones duraderas.

Porque al final, lo que permanece no es la transacción, sino el recuerdo de una experiencia que supo tocar fibras más profundas, porque #SentirNoEsElección provocar sensaciones si lo es.

¡Por más sensaciones que provoquen excelentes relaciones!

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